¡Qué palabra tan común, tan utilizada y manoseada por doquier! Uno de esos conceptos que se repiten sin cesar cuando se habla del arte, tecnología o publicidad. “Nombre, ese guey es súper creativo”, “¡Qué idea tan creativa!”, son frases ya cotidianas, como cotidiano se ha vuelto el nombrar profesiones de dudosa relación con el concepto como: “Director Creativo” o “Gestor Creativo” (¿¿??). Se usa tanto, que, como toda palabra que sufre de la sobreexplotación lingüística, es hoy un cliché más de nuestro vocabulario, e inclusive se ha convertido en una mercancía. Pero más allá de la vacuidad derivada de su abuso, ¿Qué tanto sabemos sobre la creatividad? ¿Realmente existe tal cosa, o es uno de tantos inventos para vender best sellers, cursos exprés para emprendedores, o talleres vivenciales y esotéricos disfrazados de ciencia cognitiva? ¿Qué tanto sabemos sobre la creatividad como para que valga la pena hablar sobre ella?.

Al ser un Centro de Aprendizaje y Desarrollo de la Creatividad, en EL INGENIO no nos la tomamos a la ligera, y por eso desde antes de su fundación nos hemos dedicado a estudiar y reflexionar sobre este tema que da sentido a nuestro quehacer, para tener una coherencia clara y definida sobre qué es lo que queremos promover, y luego cómo hacerle para promoverlo. Iremos compartiendo estas reflexiones en una serie de entregas periódicas por este medio, para que conozcas así un poco la base detrás de lo que hacemos.

Muchas personas han escrito y hablado sobre ello (eso sí, unas más creíbles que otras) a partir de que la creatividad comenzó a ser valorada como un algo que importa. Ni qué decir en el campo del arte, en donde es un lugar común el hecho de que la expresión se basa en el potencial creativo; o de la ciencia y la innovación tecnológica, en donde los avances se basan en un cúmulo de ideas e invenciones creativas.

Por ejemplo, el hilo conductor del Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de 1997 de la UNESCO es justamente el vínculo entre creatividad y campos más allá del arte, como la educación, la política, la cultura cívica y el desarrollo sustentable. Los autores del informe consideraron importante insistir en que, por medio de la creatividad, se logran nuevos canales de diálogo e innovación que permiten al hombre adaptarse y transformar el entorno:

“la noción de creatividad se debe utilizar en un sentido amplio, no sólo para denotar la producción de un nuevo objeto o forma artística, sino también la solución de problemas en cualquier terreno imaginable. Lejos de estar referida únicamente con las artes, la creatividad es vital para la industria y la empresa, para la educación y el desarrollo social y para la comunidad.” (Pérez Cuellar (coord), 1997, Nuestra Diversidad Creativa. Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, Correo de la UNESCO, México, p. 95.)

Así, un concepto que tradicionalmente se asocia a un limitado campo de la sociedad, comienza a entenderse como una clave básica y necesaria que nos distingue como especie humana y que nos trasciende, al permitirnos concebir y crear nuevas soluciones a cualquier tipo de problemas con los ue nos tropezamos (o que nos inventamos).

No hay que ser un académico de Harvard para darse cuenta que la creatividad, sinónimo del tropical “ingenio”, está presente en todo lo que nos rodea, desde la cocina, el humor y la tecnología, hasta los refinados métodos de bullying y extorsión telefónica. Hay ingeniositos en el lenguaje (dicharachero, ocurrente, alburero, improvisador en la versada, que tiene una respuesta oportuna para todo), en las artes (el que crea música con cualquier cosa que suene, que imita al profe mejor que nadie, el que inventa métodos inimaginables de expresión plástica), en la tecnología (el manitas que siempre resuelve los imprevistos del hogar y arregla todo tipo de aparatos, el que inventa artefactos con mecanismos y materiales que nunca hubieras creído que pudieran servir para otra cosa diferente a lo usual), en las ciencias (la que siempre encuentra la solución más fácil a un problema, quien tiene la ocurrencia de encontrar la relación oculta entre un campo y otro), o en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana.

Para bien o para mal (veremos más tarde que la creatividad por sí misma no tiene una orientación ética definida), si te fijas con atención, la ocurrencia creativa es el sello de todo lo que te rodea: si estás sentado y leyendo esto, es gracias a que alguien hace miles de años tuvo la loca idea de rebanar un árbol obsesivamente hasta convertirlo en una silla, así como otros -con aficiones aún más compulsivas-­ se dedicaron a lograr que dos numeritos en secuencias inimaginables hicieran todas las funciones que puede hacer tu computadora. Si estás en un interior, se debe a que un antepasado creyó oportuno construir cuevas a domicilio con piedras prefabricadas, y a que numerosos sinquehaceres concibieron la necesidad de embotellar el fuego y emitir protones a voluntad sobre tu cabeza. El resto es infinito y el ejercicio puedes hacerlo si crees que vale la pena emplear tus conexiones neurálgicas en ello: muebles, vehículos, artefactos, medios de comunicación, historias, …en suma, medios de subsistencia. ¿Tendrá algo que ver la creatividad con la sobrevivencia? Al ser parte de la especie con uno de los mayores éxitos en sobrevivencia en el planeta, podemos empezar a pensar que la creatividad ha jugado un papel clave en nuestro devenir histórico.

Para tratar de entender un poco más este concepto tan vapuleado hoy en día, en las siguientes entregas haremos una breve revisión del concepto, apoyados por versados estudiosos en la materia: discutiremos  algunas definiciones útiles, haremos una distinción entre lo que posiblemente sí es la creatividad de lo que posiblemente no lo es, y revisaremos la interesante relación entre infancia y creatividad.

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