“Lo que permite distinguir a los individuos creativos son sus modos de utilizar provechosamente las intuiciones, sentimientos y experiencias de la niñez…cuando se llegan a forjar nuevas comprensiones y a crear mundos nuevos, la infancia puede ser un aliado muy poderoso…el creador es un individuo que sabe afrontar un desafía formidable: vincular los conocimientos más avanzados alcanzados en un campo con la clase de problemas, cuestione, asuntos y sentimientos que caracterizaron fundamentalmente su vida de niño lleno de asombro. En este sentido, el adulto creador hace uso repetido del capital de su infancia; el lastre especial de la era moderna parece que es borrar los primeros años de la niñez”

Howard Gardner, 1998: 50

 

ciencia 1Existe  cierto consenso académico en que los individuos creativos exhiben gran parte de los rasgos de la creatividad manera regular y cotidiana durante su vida, rasgos que se dan por lo general de manera “natural” en la primera infancia; conforme el individuo va creciendo, estos rasgos se van “atrofiando” debido a los estímulos sociales negativos para su
desarrollo. Para Gardner, el avance creativo es posible mediante el “maridaje” entre el complejo dominio del campo y los modos de comprensión e intuición característicos del mundo infantil. Explica que los niños de entre cuatro y siete años:

“disponen de una gama de sistemas simbólicos humanos, y pueden usarlos ya de un modo generativo; ya han desarrollado sólidas teorías sobre los mundos físico y psicológico, y están deseosos de comprobar si son adecuadas; y manifiestan una capacidad para expresarse a las formas elementales de la experiencia…Al mismo tiempo, todavía no están excesivamente constreñidos por reglas, normas o expectativas”. (H. Gardner, 1998, Mentes Creativas. Una anatomía de la creatividad, Paidos, Barcelona: 53, 422)

creatividad-2Sin negar el hecho de que los logros creativos responden a una gran madurez personal y profesional de cada individuo, el autor sostiene que parte del “derecho fundamental” de las personas altamente creativas es “mantener un acceso privilegiado a sensaciones y aspectos importantes de su desarrollo anterior, incluida su primera infancia”, y retoma el siguiente dicho de Baudelaire: “el genio es la capacidad para recuperar la infancia de uno a voluntad” (Ibid: 423)

En otra obra dedicada al desarrollo artístico, insiste en que “existen afinidades serias y no triviales entre el niño pequeño y el artista adulto…Miembros de ambas poblaciones desean explorar libremente, ignorar las fronteras y las clasificaciones existentes, trabajar durante horas, sin necesidad de recompensa o estimulación exterior, en un proyecto que se apodera de ellos” (H. Gardner, 1994, Educación artística y desarrollo humano, Paidos, Barcelona: 46-47). En el ensayo es contundente al afrimar que “la mente del niño de 5 años representa la cima del poder creativo”, y cita a personalidades consideradas “altamente creativas” que lo corroboran con su biografía profesional: Picasso expresó: “antes solía dibujar como Rafael. Me ha llevado toda la vida aprender a dibujar como un niño”; y Newton: “tengo la impresión de no haber sido más que un niño jugando a orillas del mar que se ha entretenido de vez en cuando hallando un guijarro más liso o una concha más bonita, mientras ante mí se extendía el gran océano de la verdad aún por descubrir” (H. Gardner, 2005, Las cinco mentes del futuro. Un ensayo educativo, Paidos, Barcelona: 66).

CREATIVIDAD 1Vigotsky observó que, en sus juegos, los niños retoman y reconstruyen elementos de sus entornos culturales de manera creativa en función de sus necesidades e intereses, en el proceso de construcción de los procesos psicológicos superiores (aquellos que nos distinguen del resto de los animales, como el pensamiento verbal, la memoria lógica, formación de conceptos, atención voluntaria, voluntad, etcétera.): “en los niños, la actividad de utilizar signos no es algo simplemente inventado ni transmitido por los adultos; es más bien algo que surge de lo que originariamente no es una operación con signos, convirtiéndose en tal después de una serie de transformaciones cualitativas” (Vigotsky, Lev, 2003, El desarrollo de los procesos psicológicos superiores, Crítica, Barcelona: 78).

El físico y filósofo David Bohm (¿o fisilósofo?) propone que para generar un estado mental creativo, se debe poner “en primer lugar el de la persona cuyo interés en lo que está haciendo es total e incondicional, al igual que un niño pequeño. Con ese espíritu, siempre estará abierto a aprender lo que es nuevo, a percibir nuevas diferencias y nuevas similitudes que le conducirán a nuevos órdenes de estructuras, en lugar de tender siempre a imponer órdenes y estructuras repetidas en el campo de lo visto” (Bohm, David, 2001, Sobre la creatividad, Kairos, Barcelona: 51)

Con todo ello no es casualidad entonces que gran parte de las características que presentan los adultos que ejercen su creatividad (descritas en un artículo anterior), responden a características presentes generalmente en la primera infancia. Todo quien tenga un contacto cercano con infantes difícilmente negará esta afirmación.

Con ello se refuerza la imperiosa necesidad de trabajar seriamente a favor, no sólo de la infancia y sus derechos, sino también en el desarrollo y afianzamiento real de los rasgos creativos naturalmente presentes entre niñas y niños, con la utopía de que el proceso de maduración de las personas no sacrifique por default la magia distintiva de la especie humana.

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